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Categoría: Recetas

  • Las pechugas de mamá: Cuando el amor se sirve empanizado

    Las pechugas de mamá: Cuando el amor se sirve empanizado

    A veces el amor cabe en un platillo sencillo. Unas pechugas empanizadas no parecen gran cosa… hasta que las hacía mi madre. Entonces se volvían el manjar más esperado, porque tenían un secreto que no estaba en los ingredientes, sino en el cariño con el que ella cocinaba.

    La memoria

    Nadie cocinaba como ella. Su secreto era un baño de leche, huevo y especias que lograba una jugosidad imposible de olvidar. Recuerdo que siempre las acompañaba con una ensalada fresca de pepino, cebolla y mucho cilantro.

    Tenía un pequeño refractario de peltre azul con el borde negro donde mezclaba los ingredientes con un tenedor y una generosidad de limón que me hace agua la boca solo de recordarlo. Son esas comidas cotidianas las que se nos quedan grabadas para siempre, porque estaban hechas con manos que nos amaban profundamente.

    La Receta: Pechugas de pollo al estilo de mamá (4 porciones)

    Ingredientes

    • 4 pechugas de pollo fileteadas (delgadas)
    • El baño secreto: 1 taza de leche, 1 huevo, ½ cucharadita de comino molido, ½ cucharadita de pimienta y sal al gusto
    • 1.5 tazas de pan molido
    • Aceite para freír

    Preparación

    1. El marinado: En un tazón, mezcla la leche, el huevo y las especias. Sumerge las pechugas y deja reposar al menos 30 minutos (si puedes dejarlas 2 horas, ¡mejor!). Ese baño es la clave de la jugosidad.
    2. El empanizado: Escurre ligeramente cada filete y pásalo por el pan molido, presionando con firmeza para que la costra quede pareja y bien adherida.
    3. La cocción: Calienta aceite a fuego medio. Fríe las pechugas hasta que estén doradas, crujientes y perfectamente cocidas por dentro. Escúrrelas sobre papel absorbente.
    4. El servicio: Acompaña con arroz, un puré y esa ensalada fresca de pepino y limón que le da el toque perfecto.

    De la receta a tu Alacena

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    Para cerrar

    Que estas pechugas, tan sencillas y tan llenas de amor, te recuerden que los sabores de mamá son eternos. Mientras los cocinemos en nuestra mesa, ellas siguen con nosotros, vivas en cada bocado.

    De mi alacena a la tuya, con amor y devoción.
    Lady Regaliz (GMCM)

  • Lentejas, plátano y el sazón de la abuela: Un universo en cada bocado

    Lentejas, plátano y el sazón de la abuela: Un universo en cada bocado

    Hay platillos sencillos que esconden un universo de cariño. Las lentejas de mi abuelita eran de esos: humildes en su lista de ingredientes, pero infinitas en sabor y consuelo.

    La memoria

    Aún recuerdo la escena: mi abuelita enviando a mi tío al mercado a elegir las mejores lentejas, y él regresando con la disposición de quien honra a una madre. Mientras tanto, en la cocina, el ritual comenzaba: freía el plátano macho en el aceite que dejaba el tocino crujiente, y ese aroma dulzón y dorado inundaba cada rincón de la casa.

    Y cómo olvidar su salsa martajada en molcajete —chiles y jitomate tatemados al comal—, que era el alma del taquito que acompañaba las lentejas. No era solo comida: era un lenguaje de amor que hoy atesoro con celo.

    La Receta: Lentejas con plátano macho y tocino (6 porciones)

    Ingredientes

    • 1.5 tazas de lentejas (limpias y enjuagadas)
    • 1 plátano macho maduro (en rodajas) y 150 g de tocino (en trocitos)
    • El toque de sabor: 3 jitomates, ¼ de cebolla y 2 dientes de ajo
    • 1 zanahoria en cubos (opcional)
    • Aceite, sal, pimienta y 1.5–2 litros de agua o caldo

    Preparación

    1. El inicio: Cuece las lentejas en agua con un trozo de cebolla y sal a fuego medio hasta que estén suaves, pero firmes.
    2. El corazón del platillo: En un sartén, fríe el plátano macho hasta que dore ligeramente y resérvalo. En la misma olla, dora el tocino.
    3. La base: Añade a la olla la cebolla, el ajo y el jitomate molido (previamente colado). Deja que se sazone bien.
    4. La fusión: Incorpora las lentejas con su caldo y la zanahoria. Deja hervir a fuego bajo durante 15 minutos para que los sabores se integren.
    5. El toque final: Agrega el plátano frito al final, con mucho cuidado para que no se deshaga. Rectifica sal y pimienta. ¡El contraste dulce-salado es un verdadero abrazo!

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    Para cerrar

    Que estas lentejas te recuerden que la cocina más amorosa no necesita lujos; necesita manos que cocinen con el alma, tal como las de mi abuelita.

    De mi alacena a la tuya, con amor y devoción.
    Lady Regaliz (GMCM)

  • Caldo de habas: El aroma que sabía a refugio

    Caldo de habas: El aroma que sabía a refugio

    Hay aromas que son hogar entero. El de mi abuelita cocinando por las tardes —el caldo de habas espesando en la olla, el té hirviendo en la estufa— llenaba la casa de una paz que, a día de hoy, todavía busco en cada cocina.

    La memoria

    La recuerdo sentada en la mesa del comedor, limpiando sus habas con calma para preparar la comida de la tarde. Mientras tanto, en la estufa ponía a hervir té de canela o de limón, y toda la casa se perfumaba. Eran tardes que sabían a refugio. ¡Cómo extraño esos olores, esa escena: verla tan concentrada, tan serena, y respirar el rico aroma del té hirviendo mezclado con el del caldo!

    Me gustaba que me sirviera té de canela en un vasito color rosa de plástico, pequeñito para mis manos de niña. Lo tomaba entre mis dos manitas, soplaba el vaporcito y sentía calor al instante. Ahora que lo pienso, era un calor del corazón; lo recuerdo con nostalgia. No era el té: era el amor de mi abuelita consintiendo a sus nietas.

    La receta: Caldo de habas con chile de árbol (6 porciones)

    Ingredientes

    • 2 tazas de habas secas peladas
    • El sazón: 3 jitomates, ¼ de cebolla, 2 dientes de ajo y 2–4 chiles de árbol secos (al gusto)
    • Unas ramas de cilantro fresco
    • 2 cucharadas de aceite y sal al gusto
    • 2 litros de agua

    Preparación

    1. La cocción: Enjuaga las habas y cuécelas en los 2 litros de agua con un trozo de cebolla y sal. Cocina a fuego bajo hasta que estén tan suaves que empiecen a deshacerse; este es el secreto para que el caldo espese naturalmente.
    2. La salsa: Asa los jitomates, la cebolla, el ajo y los chiles de árbol. Licúa y cuela.
    3. El toque final: Sofríe esta salsa en el aceite hasta que cambie de color (que se sazone bien) e incorpórala a la olla de las habas.
    4. El tiempo: Deja hervir a fuego bajo durante 15–20 minutos. Ajusta la sal y sirve caliente, decorando con cilantro fresco y, si te gusta, un chorrito de limón.

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    Que este caldo te abrigue las tardes y te devuelva, aunque sea por un instante, a esa cocina serena donde unas manos queridas limpiaban habas y todo, absolutamente todo, olía a hogar.

    De mi alacena a la tuya, con amor y devoción.
    Lady Regaliz (GMCM)

  • Tradición de Año Nuevo: El lomo mechado y el atún de mamá

    Tradición de Año Nuevo: El lomo mechado y el atún de mamá

    Hay mesas que se quedan grabadas para siempre en el corazón. La de Año Nuevo en mi casa era una de ellas; no solo por el banquete, sino por la devoción con la que mi madre preparaba dos protagonistas indiscutibles: el lomo mechado y el atún a la vizcaína.

    La memoria

    Aún puedo saborear la baguette recién salida del horno, crujiente y aromática, rellena de ese atún a la vizcaína con el caldito escurriéndose entre los dedos. Ese platillo era, y sigue siendo, la debilidad de mi hermana. Recuerdo que ella ayudaba a mamá a deshojar el perejil, una tarea pequeña que hoy se ha convertido en el puente que une aquellos años con nuestra mesa actual.

    Mi madre preparaba todo con una entrega que todavía me conmueve. Se levantaba de la mesa una y otra vez para servirnos, asegurándose de que a nadie le faltara nada. Su felicidad era vernos disfrutar juntos; su regalo de Año Nuevo, sin saberlo, era el legado de amor que estaba tejiendo en cada bocado.

    Las Recetas de la Nostalgia

    Lomo mechado (8 porciones)

    Ingredientes

    • 1.5 kg de lomo de cerdo
    • Tiras de zanahoria, jamón y pimiento para mechar
    • 4 dientes de ajo, ½ cebolla y 2 hojas de laurel
    • ½ taza de vino blanco (o caldo) y 1 cucharada de vinagre
    • Sal, pimienta y tomillo al gusto

    Preparación

    1. El mechado: Con un cuchillo, haz incisiones profundas en el lomo e inserta las tiras de zanahoria, jamón y pimiento.
    2. El sellado: Sazona con sal, pimienta, ajo y tomillo. Sella el lomo en una olla con un poco de aceite hasta dorar.
    3. La cocción: Agrega la cebolla, el laurel, el vino y un toque de caldo. Tapa y cuece a fuego bajo por 1.5 a 2 horas, hasta que la carne esté suave. Rebana y baña con sus propios jugos antes de servir.

    Atún a la vizcaína (6 porciones)

    Ingredientes

    • 2 latas grandes de atún en aceite (escurrido)
    • 4 jitomates, ½ cebolla y 3 dientes de ajo
    • Aceitunas, alcaparras y pimiento morrón en tiras
    • 2 cucharadas de aceite de oliva
    • Perejil fresco, sal y pimienta

    Preparación

    1. La base: Sofríe la cebolla y el ajo en aceite de oliva. Añade el jitomate previamente molido y colado; deja que se sazone a fuego lento.
    2. El sazón: Incorpora el pimiento, las aceitunas y las alcaparras, dejando cocinar por unos minutos para que los sabores se integren.
    3. El toque final: Agrega el atún con cuidado de no desbaratarlo demasiado. Rectifica la sal y la pimienta, espolvorea abundante perejil fresco y sirve tibio. Es un deleite en tostadas o con una buena hogaza de pan.

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    Que estos platillos te recuerden que el amor más grande a veces no se dice con palabras: se sirve en la mesa, con una sonrisa, una y otra vez, hasta que todos en casa sienten el calor de un hogar feliz.

    De mi alacena a la tuya, con amor y devoción.
    Lady Regaliz (GMCM)

  • Navidad en la alacena: El legado de mamá

    Navidad en la alacena: El legado de mamá

    La Navidad en mi casa no olía a pino; olía a la cocina de mi madre. Olía a pierna adobada en el horno, a puré cremoso y a ese desvelo convertido en fiesta. Para ella, alimentar a la familia era la forma más pura de celebrar.

    La memoria

    Recuerdo sus desvelos, esas noches largas entre el vapor de la cocina, con el único propósito de vernos a todos juntos al día siguiente. Su puré de papa era incomparable —un sabor que guardo como un tesoro— y su pierna adobada llenaba la casa con un aroma que, en sí mismo, era una promesa de felicidad. Cocinaba cansada, sí, pero profundamente feliz; sabía que, entre especias y fuego lento, estaba tejiendo recuerdos que durarían toda la vida. Y vaya que lo logró: hoy, en Lady Regaliz, honramos esa herencia.

    La Receta: Pierna Adobada (8–10 porciones)

    Ingredientes

    • 1 pierna de cerdo sin hueso (4–5 kg)
    • Para el adobo: 6 chiles guajillo puya, 3 chiles anchos, 3 chiles chipotles y 3 chiles cascabel
    • 4 dientes de ajo y ¼ de cebolla
    • ½ taza de jugo de naranja y 2 cucharadas de vinagre
    • Especias: 1 raja de canela, comino, orégano, clavo y pimienta al gusto
    • Sal y pimienta

    Preparación

    1. El toque de la botica: Pasa los chiles, la cebolla, el ajo y las especias por el sartén con un chorrito de aceite. Luego, déjalos reposar en agua caliente por solo 1 minuto.
    2. El adobo: Licúa todo con el jugo de naranja y el vinagre hasta obtener una textura tersa. Cuela con paciencia.
    3. El reposo: Unta la pierna generosamente por todos lados. Cúbrela y refrigérala toda la noche (tal como ella hacía: con tiempo y amor).
    4. La cocción: Hornea tapada con un poco de caldo a 160 °C durante 3 horas. Báñala constantemente con sus jugos; mantente al pendiente de que no se consuma el líquido.

    Puré de papa (el acompañamiento ideal)

    Ingredientes: 1 kg de papas, ½ taza de leche tibia, 4 cucharadas de mantequilla, sal, pimienta y una pizca de nuez moscada.

    Preparación: Cuece las papas hasta que estén muy suaves. Hazlas puré estando aún calientes e incorpora la mantequilla y la leche tibia poco a poco, batiendo hasta lograr una cremosidad celestial. Sazona con sal, pimienta y el toque final de nuez moscada.

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    Que esta cena te recuerde que el mejor regalo de Navidad nunca estuvo bajo el árbol: estaba en la mesa, en las manos cansadas y amorosas de quien cocinó toda la noche solo para vernos felices.

    De mi alacena a la tuya, con amor y devoción.
    Lady Regaliz (GMCM)

  • El mole verde de mi madre

    El mole verde de mi madre

    Hay sabores que guardamos con celo, como quien guarda una carta querida. No los compartimos con cualquiera, porque saben a una persona, a una época, a un amor que no vuelve. El mole verde de mi madre es, para mí, uno de esos sabores sagrados.

    La memoria

    La recuerdo en la cocina, haciéndolo todo artesanal, como solo ella sabía. Pelaba las pepitas una a una, molía la lechuga con paciencia y probaba el caldo de pollo con el que iba a sazonar su mole para que quedara perfecto. En mi memoria vive ese último día que lo preparó: la veo usando su playera blanca con una muñequita gimnasta en el pecho y su chaleco azul, entregada a ese ritual silencioso del amor que se cocina.

    La última vez que mi madre cocinó fue, justamente, un mole verde. Atesoro ese sabor, ese aroma y esa escena en mi memoria con un cariño inmenso. Por eso esta receta no es solo una receta: es un homenaje a ella, a sus manos y a todo lo que me dio sin pedir nada a cambio.

    La Receta

    Ingredientes (para 6 porciones)

    • 1 pollo entero en piezas (cocido previamente en un caldo con cebolla, ajo y sal — reserva el caldo)
    • 1 taza de pepitas de calabaza (peladas)
    • 8 tomates verdes (tomatillos)
    • ½ lechuga romana (limpia y desinfectada)
    • 1 manojo de cilantro fresco
    • Unas hojas de epazote fresco
    • 2 a 3 chiles serranos (al gusto, dependiendo del picor deseado)
    • ¼ de cebolla y 1 diente de ajo
    • 1 cucharada de manteca de cerdo (o aceite vegetal)
    • Sal al gusto

    Preparación

    1. La pepita: En un comal o sartén a fuego muy bajo, tuesta las pepitas de calabaza moviendo constantemente hasta que doren ligeramente y comiencen a inflarse. Cuida mucho que no se quemen para que no amarguen. Déjalas enfriar un poco y muélelas en la licuadora con un poco del caldo de pollo reservado hasta formar una pasta tersa. Reserva.
    2. La base verde: En una olla pequeña con agua, hierve los tomates verdes junto con los chiles serranos, el cuarto de cebolla y el diente de ajo durante unos minutos, hasta que los tomates cambien de color (sin que se rompan). Retíralos del fuego.
    3. El licuado: Lleva a la licuadora los tomates, chiles, cebolla y ajo cocidos. Añade la media lechuga romana, el manojo de cilantro y las hojas de epazote. Licúa perfectamente con un chorrito de caldo de pollo hasta obtener una salsa verde brillante y homogénea.
    4. El sazón: En una cazuela profunda (de preferencia de barro), derrite la manteca de cerdo. Vierte la salsa verde licuada y déjala sazonar a fuego medio durante unos minutos hasta que empiece a espesar sutilmente y cambie a un tono más oscuro.
    5. La unión: Incorpora la pasta de pepita que moliste al principio, disolviéndola con cuidado en el mole. Mueve constantemente sin parar para que la pepita se integre perfectamente y no se corte la salsa —hazlo despacio, con calma y con mucho cariño, tal como lo hacía mi madre querida.
    6. El hervor final: Ve agregando más caldo de pollo poco a poco hasta lograr la consistencia que más te guste (ni muy aguado, ni muy espeso). Sazona con sal al gusto y deja que dé un hervor suave a fuego bajo para que se junten todos los sabores.
    7. Servir: Agrega las piezas de pollo cocidas a la cazuela para que se impregnen de la salsa verde durante unos 5 minutos. Sirve bien caliente, acompañado de un arroz blanco o rojo y tortillas calientitas recién salidas del comal.

    Consejo del corazón: El secreto del mole verde es la calma. No lo apresures; deja que su aroma te acompañe en la cocina, de la misma forma en que nos acompañan siempre los seres que amamos.

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    Mamá, este es tu mole. Que cada persona que lo prepare sienta, aunque sea por un instante, el amor con el que tú cocinabas. Porque mientras tu sabor siga vivo en una cocina, tú sigues aquí, cocinando como tanto te gustaba.

    Con todo mi amor,
    Lady Regaliz (GMCM)

  • El mole poblano de mi abuelita

    El mole poblano de mi abuelita

    El mole no se cocina: se reza. Es paciencia, es herencia, son horas de amor convertidas en un solo plato. Nadie lo hacía como mi abuelita, con esa devoción de quien sabe que está preparando algo sagrado. Su mole era la prueba de que el cariño también se mide en horas frente a la estufa.

    La memoria

    Tengo varios recuerdos de mi abuelita cocinando pacientemente, pero uno particular se quedó grabado en mi corazón. Habíamos ido de visita a casa de mi tía Herlinda. Ahí, las dos hermanas, viejecitas preciosas, se pusieron a cocinar con una complicidad que me hace sonreír solo de recordar.

    Como si hubiera sido ayer, veo las manos de mi abuelita, arrugaditas y con los deditos ya un poco chuecos por la edad. Sobre el comal asaba los jitomates, mientras que en un platito blanco de porcelana con flores rosas contaba las “galletas de animalitos”. Entre recuerdos de su niñez, las dos hermanas tatemaron tortillas y un bolillo. En sus manos, el tiempo se volvía sabor.

    ¡Ay Dios, qué bello recuerdo el de mi abuelita y esa tarde que aún puedo oler y sentir! Mi madre, mi hermanita, mi prima “Coco” (la hija de mi tía) y yo disfrutamos de unos ricos muslos de pollo en mole poblano. “Coco” nos preparó un arroz rojo y el platillo quedó delicioso.

    La Receta

    Ingredientes (para 8–10 porciones)

    Para la base y el sazón:

    • 5 chiles mulatos, 4 chiles anchos y 3 chiles pasilla (secos, limpios y sin semillas)
    • 2 jitomates y 2 tomates verdes (para asar)
    • ¼ de cebolla y 3 dientes de ajo
    • 1 a 1.5 tablillas de chocolate de mesa
    • 1 trozo chico de piloncillo (el secreto de mi abuelita)
    • Manteca de cerdo y sal al gusto

    Para la pasta espesante y las especias:

    • 1 tortilla de maíz y 1 bolillo (duro o del día anterior)
    • 10 galletas de “animalitos”
    • 1 plátano macho mediano (en rodajas)
    • ¼ de taza de almendras
    • ¼ de taza de nueces
    • ¼ de taza de cacahuates
    • 100 g de pasas
    • 50 g de pepita de calabaza criolla
    • 50 g de ajonjolí (más un extra para decorar al servir)
    • 1 raja de canela, 3 clavos de olor y ½ cucharada de anís mexicano
    • 10 granos de pimienta negra entera

    Para el pollo y el caldo:

    • 10 muslos de pollo, 2 piernas y 2 alitas (¡las alitas le darán un sabor espectacular al caldo!)
    • ½ cebolla, 2 dientes de ajo, 2 hojas de laurel, 1 pizca de orégano (para cocer el pollo)

    Preparación

    1. El pollo y el caldo: En una olla grande con 2 litros de agua, añade todas las piezas de pollo junto con la media cebolla, los dos dientes de ajo, el laurel, el orégano, 5 granos de pimienta negra y sal al gusto. Sancocha a fuego medio-alto. Una vez cocido, separa el pollo y cuela el caldo; reserva los condimentos cocidos y el caldo por separado.
    2. Los chiles: Pasa los chiles limpios por el comal rápidamente cuidando que no se quemen. Transfiérelos a una cacerola con agua y hiérvelos a fuego medio por 10 minutos para que se suavicen. Retira los chiles y reserva el agua de la cocción.
    3. El tatemado: Asa los jitomates, los tomates verdes, el cuarto de cebolla y los 3 dientes de ajo. Al salir del comal, envuelve los jitomates en papel aluminio por 20 minutos; el vapor hará que les quites la cáscara con mucha facilidad.
    4. Las especias: En una sartén seca a fuego medio, tuesta la canela, los clavos de olor, el anís, los 5 granos de pimienta restantes y el ajonjolí hasta que suelten su fragancia. Reserva.
    5. El dorado: En una sartén con una cucharadita de manteca, fríe las almendras, las nueces, los cacahuates, las pepitas de calabaza y las pasas hasta que estén dorados. Agrega las rodajas de plátano macho, los trozos de bolillo, la tortilla y las galletas de animalitos. Sofríe hasta que el plátano tome un lindo color dorado.
    6. La molienda: Lleva al procesador de alimentos o licuadora los frutos secos fritos, el pan, las galletas, el plátano, las especias tostadas, los jitomates y tomates pelados, junto con un vaso del agua de los chiles. Licúa por tandas hasta obtener una pasta tersa, espesa y homogénea. Licúa los chiles aparte con un poco de caldo de pollo.
    7. La unión y el sazón: En una cazuela de barro grande, derrite una cucharada y media de manteca. Agrega el piloncillo, el chocolate de mesa y un vaso de agua para emulsionar. Incorpora la salsa de chiles y menea durante 4 minutos. Agrega la pasta de frutos secos y especias, y mezcla perfectamente.
    8. El hervor: Ve añadiendo el caldo de pollo poco a poco hasta lograr la textura espesa y perfecta del mole. Sazona con sal al gusto. Deja que hierva a fuego bajo moviendo constantemente.
    9. Nota de la botica: Hay quienes tamizan el mole en un colador. Yo sugiero que no; mi abuelita nunca lo hizo y a mí me encantaba de pronto encontrarme con una semillita de anís a medio moler.
    10. Servir: Agrega las piezas de pollo para que se impregnen del mole. Sirve bien caliente con ajonjolí tostado encima, acompañado de arroz rojo y tortillas calientes.

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    Que cada cucharada de este mole te recuerde que hay amores que no se van: viven en los sabores que nos heredaron unas manos sabias, arrugaditas y entrañablemente queridas.

    Con cariño,
    Lady Regaliz (GMCM)

  • Tesmole de cerdo

    Tesmole de cerdo

    Hay platillos que son hogar. Que uno reconoce desde la puerta de la casa, antes de verlos, solo por su aroma. El tesmole de mi tío era eso: la bienvenida después de la escuela, la mesa puesta y la familia reunida alrededor de una olla humeante. Todo junto —con las tortillas recién traídas de la tortillería y el agua de limón que mi tío preparaba tan deliciosa— lo convertía en uno de mis platillos favoritos de la infancia.

    La memoria

    Los martes eran especiales porque íbamos al mercado por la carne fresca de cerdo. De vuelta en casa, mi tío preparaba todo con calma; salía al jardín a cortar hojas frescas de hierba santa y hacía unas bolitas de masa deliciosas para que tuvieran un sabor excepcional, único e imposible de olvidar.

    Mi hermana y yo volvíamos de la escuela con hambre y la comida siempre estaba recién hecha. Nos sentábamos todos a comer juntos, acompañando el tesmole con esa rica agua de limón y las tortillas calientitas de la tortillería de “Don Chucho”. Era felicidad simple, de esa que con los años más se extraña.

    La Receta

    Ingredientes (para 6 personas)

    • 1 kg de carne de cerdo en trozos (espaldilla o costilla)
    • ¼ de cebolla y 2 dientes de ajo (para cocer la carne)
    • 4 chiles guajillo (secos, limpios y sin semillas)
    • 2 chiles costeños (o de árbol, al gusto para dar picor)
    • 3 jitomates
    • ¼ de cebolla y 2 dientes de ajo (para la salsa)
    • Hojas de hierba santa frescas (enteras, para perfumar)
    • 1 cucharada de manteca de cerdo (o aceite)
    • Sal al gusto

    Para las bolitas de masa (chochoyotes):

    • 1 taza de masa de maíz
    • 1 cucharada de manteca de cerdo (o aceite)
    • 1 hoja de hierba santa (finamente picada)
    • 1 pizca de sal

    Preparación

    1. La carne: En una olla profunda o de presión, cuece la carne de cerdo en agua suficiente con un trozo de cebolla, los dos dientes de ajo y sal al gusto. Cocina a fuego medio hasta que la carne esté suave y tierna. Retira la carne y reserva tanto los trozos como el caldo.
    2. La salsa: Asa los chiles guajillo y costeños en un comal cuidando que no se quemen, luego remójalos en agua caliente para que se suavicen. Licúalos perfectamente con los jitomates, el otro trozo de cebolla y los dos dientes de ajo. Cuela la mezcla.
    3. El sazón: En la misma olla, calienta un poco de manteca de cerdo y fríe la salsa. Cuando cambie a un color más intenso, añade el caldo que reservaste y los trozos de carne. Deja que todo se sazone junto a fuego medio.
    4. Las bolitas de masa: Mientras el caldo hierve, amasa la masa de maíz con la manteca, la hierba santa finamente picada y una pizca de sal. Forma bolitas pequeñas con las manos y, si lo deseas, hazles un hoyito en el centro con el dedo para formar los clásicos chochoyotes.
    5. El toque final: Agrega las bolitas de masa directamente al caldo hirviendo de una en una. Cuécelas de 10 a 12 minutos (sabrás que están listas porque empezarán a flotar y espesarán sutilmente el caldo). Justo antes de apagar el fuego, añade hojas enteras de hierba santa para perfumar profundamente.

    Sirve bien caliente en un plato hondo rústico… y por favor, ¡no olvides poner un jarro de agua de limón al lado!

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    Que este tesmole te devuelva, aunque sea por un momento, a esa mesa de la infancia donde la comida recién hecha, los aromas del jardín y la familia reunida lo eran todo.

    Con cariño,
    Lady Regaliz (GMCM)

  • Atole de masa con estrellas de anís

    Atole de masa con estrellas de anís

    Hay sabores que abrigan. Que no llenan el estómago, sino el alma. El atole es uno de ellos: una caricia tibia en las mañanas frías, un abrazo servido en jarrito de barro. Cuando lo hacía mi abuelita sabía a casa, a calma, a que todo iba a estar bien. Mi abuelita y mi madre tenían un sello diferente para hacer su atole, y hoy mi tío aún lo sigue preparando tal como ellas lo hacían.

    La memoria

    Mi abuelita preparaba el atole de masa despacio, removiendo sin prisa para que no se hiciera grumos, perfumando la cocina con ese rico aroma a canela. Recuerdo el vapor subiendo de la olla, el perfume dulce y herbal extendiéndose por toda la casa, y a ella, con su vestido azul y su delantal de cuadritos blancos con amarillo. Su delantal tenía dos bolsitas con la cara de una muñequita de chapitas rosadas; me encantaba ver a mi abuelita cuando cocinaba. Se recargaba de un lado de la estufa y dejaba ver sus dos trencitas largas, atadas con un cordoncito negro que daba una vuelta.

    Con mucha paciencia cuidaba que el atolito quedara en su punto, cálido y espeso, para que todos lo disfrutáramos juntos. Era su forma de darnos los buenos días con el corazón.

    La Receta

    Ingredientes (para 4–6 jarritos)

    • ½ taza de masa de maíz (o ½ taza de harina de maíz nixtamalizado)
    • 4 tazas de agua
    • 2 tazas de leche
    • 1 piloncillo chico (o ½ taza de azúcar, al gusto)
    • 3 estrellas de anís
    • 1 raja de canela
    • 1 pizca de sal

    Preparación

    1. Disuelve la masa en 1 taza de agua fría hasta que no quede ningún grumo. Reserva.
    2. En una olla, calienta el agua restante junto con la leche, el piloncillo, la canela y las estrellas de anís. Deja que suelte un hervor suave para que las especias liberen todo su aroma.
    3. Cuela la mezcla de la masa e incorpórala poco a poco a la olla, sin dejar de mover con una cuchara de madera —como lo hacía mi abuelita, con paciencia y mucho amor. Porque el atole sabe más rico cuando se hace con cariño.
    4. Cocina a fuego bajo, removiendo constantemente, hasta que espese a tu gusto (aproximadamente de 10 a 15 minutos). Añade la pizca de sal: este es el secreto para realzar el sabor del atolito (puedes omitirla si lo prefieres, es tu decisión).
    5. Sirve bien caliente, de preferencia en un jarrito de barro. Decora con una estrella de anís flotando arriba; se verá hermoso. Y si tienes niños en casa, puedes decirles que es una estrella mágica que bajaste del cielo solo para ellos.

    De la receta a tu Alacena

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    Para cerrar

    Que este atole te abrigue por dentro y te recuerde que las mañanas más felices son las que huelen a canela, a especias y a familia.

    Con cariño,
    Lady Regaliz (GMCM)

  • Los buñuelos de mi tío

    Los buñuelos de mi tío

    Hay recetas que no se escriben con harina y azúcar, sino con recuerdos, aquellos tesoros del alma que uno trae escondidos. Sabores que no nacen en la estufa, sino en el corazón. Porque la cocina de casa —la de las madres, la de las abuelas, la de quienes nos amaron a fuego lento— guarda un aroma que ningún lugar del mundo puede imitar: el aroma tibio de sentirse amado, de sentirse en casa.

    Hoy abro mi alacena y, con ella, un recuerdo.

    Recuerdo a mi tío en la cocina, atento a cada detalle para que todos disfrutáramos unos ricos buñuelos, capricho de mi abuelita y gusto culposo de mi hermana y mi madre. Sobre la encimera, mi tío iba formando bolitas perfectas de masa y, con sus manos, les daba forma una por una: las aplastaba y estiraba hasta dejarlas perfectas —ni muy gruesas ni muy delgadas—, ideales para que el buñuelo, al cocinarse en el aceite, tuviera una consistencia perfecta, con la paciencia infinita de quien cocina porque ama. Cada buñuelo entraba al aceite y se doraba despacio, llenando la casa de un perfume dulce, mientras mi hermana y yo —con una alegría que todavía me hace sonreír— los cubríamos de azúcar con canela.

    Y como si fuera poco, preparaba una miel de piloncillo y guayaba para bañarlos al servirlos, solo para nosotros. No eran solo buñuelos: eran su manera, callada y tierna, de decirnos «los quiero».

    La receta

    Para los buñuelos (unas 25 bolitas)

    • 2 tazas de harina de trigo
    • 2 cucharadas de azúcar
    • 1 cucharadita de polvo para hornear
    • 1 pizca de sal
    • 2 huevos
    • 2 cucharadas de mantequilla derretida (puedes usar manteca de cerdo, le dará un sabor especial; mi tío los hacía con manteca)
    • 1/3 de taza de leche tibia (puedes sustituirla por agua hervida de cáscara de tomate verde, en la misma cantidad; recuerda lavar bien las cáscaras)
    • Aceite para freír
    • Para cubrir: 1/2 taza de azúcar + 1 cucharada de canela

    Para la miel de piloncillo y guayaba

    • 2 piezas de piloncillo (≈250 g)
    • 3 guayabas maduras en trozos
    • 1 raja de canela
    • 2 tazas de agua
    • 3 piezas de anís estrella

    Preparación

    1. Mezcla la harina, el azúcar, el polvo para hornear y la sal formando un pequeño volcán; en el centro incorpora los huevos y la mantequilla, y agrega la leche tibia poco a poco hasta formar una masa suave.
    2. Amasa, cubre y deja reposar de 20 a 30 minutos.
    3. Forma bolitas parejas entre tus palmas, con mucho amor, como lo hacía mi tío.
    4. Estira cada bolita con la palma de la mano, haciendo presión sobre la encimera.
    5. Fríe a fuego medio, girándolas, hasta dorar. Escúrrelas.
    6. Tibias aún, revuélcalas en el azúcar con canela.
    7. Para la miel: muele perfectamente las guayabas (incluyendo los huesitos) y ponlas a hervir junto con el piloncillo, las 2 tazas de agua, la canela y las estrellas de anís; deja hervir de 15 a 20 minutos o hasta que espese.
    8. Sirve los buñuelos bañados con la miel tibia. Compártelos: siempre saben mejor en familia.

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    Para cerrar

    En Lady Regaliz creemos que cada ingrediente guarda una historia, y que cocinar es una forma hermosa de no olvidar. Que estos buñuelos te lleven a una cocina llena de risas, de manos queridas y de ese aroma que nunca se va.

    Con cariño,
    Lady Regaliz (GMCM)

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